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Un refugio en Cabo de Gata

Os descubro mi refugio en Cabo de Gata

Este año he tenido la suerte de viajar a tres países del norte de Europa que tenía en el radar desde hace un tiempo y que definitivamente me han robado el corazón: Dinamarca, Suecia e Islandia. Unos destinos muy alejados de lo que yo considero el paraíso, Cabo de Gata, pero eso es precisamente lo que adoro de viajar, los contrastes. Porque entre mis destinos de verano hay más de 3.000 kilómetros de distancia, 25 grados de temperatura y unos naturaleza muy distinta, una desértica y otra tremendamente húmeda y frondosa. Si lo analizamos detenidamente, Cabo de Gata e Islandia tiene en común más cosas de las que parece: su origen volcánico, su conexión con el mar y sobre todo, su autenticidad. Porque si hay algo que conservan estos dos destinos es su verdadera esencia, espacios recónditos donde la mano del hombre aún no ha hecho mucha mella.

Precisamente en estos dos destinos me aseguré de buscar alojamientos que me hicieran sentir como en casa, un refugio al que volver después de un día de descubrimientos. Casas o apartamentos con una decoración muy cuidada y todas las comodidades necesarias para una estancia agradable. Y después de vuestra reacción al publicar algunas imágenes en instagram del apartamento en Cabo de Gata y en Reykjavik, he decidido compartirlos para todos aquellos que buscan un refugio cuando viajan.

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Después de 6 años viajando a Cabo de Gata y alojarnos en hoteles rurales, que también recomendaría con los ojos cerrados, este año decidimos cambiar de aires y alquilar un apartamento que nos ofreciera más libertad. Ya intenté alquilar los apartamentos de Fede en otra ocasión, pero cuando acudíamos a reservar ya habían volado las fechas. Por ese motivo, en enero nos pusimos una alarma y reservamos con 8 meses de antelación. El alojamiento lo merecía.

Tras pasar una semana en este refugio en Cabo de Gata solo puedo decir que nunca he estado en un lugar parecido. Aunque no nos recibiera personalmente, su esencia y su amor por los detalles estaban presentes en cada rincón de la casa. Porque si hay algo que tienen en común los tres apartamentos que Fede ofrece en alquiler en Cabo de Gata es que no son apartamentos vacacionales, son auténticos refugios.

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La cocina es sin duda el alma de la casa, aquí se reúnen varias de las piezas más importantes rescatadas en mercadillos. Una antigua alacena recuperada y pintada en color turquesa es el centro de todas las miradas, y más aún cuando en la parte superior han sido colocados objetos variopintos entre los que destaca un neón en forma de S. Para dar continuidad, los azulejos escogidos para el salpicadero son del mismo color. Los frontales de los armarios también parecen sacados de un mercadillo.

Otra de mis partes preferidas de la cocina es la pared repleta de platos, cuidadosamente seleccionados, junto a la mesa de madera. En cuanto lo vi, me di cuenta que Fede y yo compartimos la misma pasión por la cerámica y por artistas como Abe the ape, Seletti o Chichinabo.

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En la sala de estar, donde casi no pisamos, destacan un sofá y dos butacas turquesas realizados por el artesano almeriense Pedro Bonache, una lámpara FASE, una colección de sombreros de paja y un póster vintage de la Feria de Almería de 1944.

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El dormitorio principal, bañado por la luz natural, está presidido por un cabecero de espejos que el mismo propietario restauró. La ventana, da a un pequeño patio interior cuya pared está repleta de maceteros azules con cactus y crasas que nos alegraban la vista cada mañana.

El baño tampoco tiene desperdicio, los azulejos en mosaico y el suelo verde con dibujos geométricos, crean una composición muy especial. En la estantería de obra destaca una pieza vintage publicitaria, de madera y con motivos veraniegos rodeada de objetos sacados del mar.

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En la planta superior se encuentra el segundo dormitorio, con dos camas y decoración rescatadas en mercadillos. Desde ahí se accede a la impresionante terraza, nuestro espacio preferido de este refugio en Cabo de Gata. De aire ibicenco, sofá de obra, dos sillas acapulco, sombraje de caña, cojines multicolor, muchas plantas, dos hamacas, una ducha y un camaleón. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

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¿Qué os ha parecido este refugio en Cabo de Gata?

 

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