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Mi viaje a Cantabria

miércoles, 24 de agosto de 2016
Hace tiempo que tenía pendiente dedicar un post al viaje que realicé a Cantabria en Semana Santa y he considerado que el verano es una buena oportunidad para compartir con vosotros mi guía particular de una de las regiones más bonitas de España, ya que aún quedan por delante días cálidos y algún que otro puente para hacer una escapada. 

Unos años atrás tuve la oportunidad de viajar a Santander para asistir a una boda, pero en aquella ocasión solo dispuse de unas horas para visitar los puntos más emblemáticos de la ciudad. En esta ocasión aprovechamos las vacaciones de Semana Santa para visitar alguna de las poblaciones y rincones más bonitos de Cantabria y comprobar con mis propios ojos de donde viene la fama de esta región. 

Buscar alojamiento fue la parte más sencilla, ya que desde que conozco la web www.hundredrooms.com encuentro apartamento allá donde voy. Nos alojamos en un apartamento en Santillana del Mar desde el que nos desplazábamos cada día a un punto distinto. En los cinco días que duró mi viaje a Cantabria pudimos visitar: San Vicente de la Barquera, Comillas, Barcena Mayor, Santillana del Mar, las Cuevas de Altamira y el Zoo de Cabárceno. 


San Vicente de la Varquera es una visita imprescindible si viajas a Cantabria. Después de visitar la capital, es uno de los pueblos con más reclamo turístico por sobrados motivos: sus impresionantes playas, su precioso casco antiguo, el peculiar puerto de pescadores, pero sobre todo, su privilegiada situación, que le confiere unas vistas impresionantes. 


Viajar a Cantabria y no acercarse a conocer Santillana del Mar debería ser delito. Este municipio patrimonio de la humanidad posee uno de los cascos antiguos mejor conservados y desde el 2010 está considerado uno de los pueblos más bonitos de nuestro país. Si visitas esta población no puedes perderte su Plaza Mayor, la Colegiata, el Museo del Barquillero, la Torre de Don Borja o la Ermita de Santa Justa. Si paras a comer te recomiendo el Pasaje de los Nobles, comida deliciosa y decoración muy acogedora. 

Si te apasiona la época prehistórica y estás en Santillana no puedes perderte las Cuevas de Altamira y su Museo. Las pinturas reales sólo pueden visitarse los viernes y por sorteo, pero en el interior del Museo tienen una réplica exacta que da bastante el pego. 



Comillas es otra de la ciudades de visita obligada en un viaje a Cantabria. Es una maravilla pasear por su calles y encontrarte edificios tan impresionantes como el Palacio de Sobrellano, la Universidad Pontificia o el Capricho de Gaudí. Otro de sus platos fuertes es su Cementerio modernista situado en la parte alta de una colina y presidido por una impactante escultura de un Angel Exterminador que data de 1895. 


Decidimos acercarnos al municipio de Barcena Mayor porque habíamos odio hablar maravillas de su cocido montañés, lo que desconocíamos es que se trataba de uno de los pueblos más bonitos de Cantabria, así que la recompensa fue doble.


La naturaleza es otro de los mayores exponentes de Cantabria. Además de contar con parte del Parque Nacional de los Picos de Europa, presume de tener una de las costas más abruptas de la Península. El Acantilado el Bolao es uno de los ejemplos más hermosos de ello, y desde su banco de madera puede disfrutarse de una de las mejores vistas del mundo. 


Por último y no menos importante, los amantes de la naturaleza no pueden dejar de visitar el que para mi el el Zoo más impresionante de España, el Zoo de Cabarceno, un parque natural con unas 750 hectáreas donde conviven más de 140 especies distintas. Podrás disfrutar de los animales en un entono único y muy alejado de los zoos convencionales. 


¿Qué te ha parecido este recorrido por Cantabria? ¿conocías todos estos destinos?

Fotografías de la Bici Azul

** Post Patrocinado.

El Verano según Raphaëlle Martin

lunes, 22 de agosto de 2016
Siempre he reservado mis vacaciones para final del verano, creo que es el mejor momento para disfrutar de unos días de relax y desconexión. Mientras estás leyendo estas líneas estaré seguro sumergida en las aguas cristalinas de mi playa preferida alejada del ruido, el ordenador y el asfalto. Descansando del que ha sido uno de los años más intensos de mi vida y preparándome para la gran aventura que me espera la primera quincena de septiembre, un viaje en coche por varios estados de USA, visitando algunas de sus ciudades más conocidas y disfrutando de los maravillosos parques naturales que posee. 

Pero no me despido por el momento, antes quiero compartir con vosotros algunos proyectos que han llamado mi atención últimamente. Entre ellos la serie de ilustraciones que el artista Raphaëlle Martin ha realizado bajo el nombre de Canicule, un proyecto expresionista en el que una piscina o la orilla del mar aparecen reflejados como auténticos remansos de paz con un solo protagonista, una mujer sin rostro, pensativa y totalmente relajada que se convierte en el punto focal de la imagen. Ilustraciones minimalistas donde el color y la geometría se alían para trasladarnos a un verano  infinito sin movernos de la silla.




Hotel Oddsson en Islandia

viernes, 19 de agosto de 2016
Islandia se ha convertido en los últimos años en uno de los destinos más deseados por los viajeros de todo el mundo por motivos más que evidentes, la variedad de paisajes y esa atmósfera tan especial que envuelve al país de los volcanes. Hace tiempo que engrosa mi lista de destinos pendientes, pero mientras tanto me deleito dejándome llevar por el maravilloso diseño que se respira en sus calles y locales. 

El Hotel Oddsson es un claro ejemplo de cómo el diseño nórdico se ha instalado en esta isla del Océano Atlántico y lo ha hecho suyo. Situado en la capital, Reikiavik, este hotel/hostel de 230 habitaciones cuenta con un diseño que podría pertenecer perfectamente a cualquiera de las películas del director Wes Anderson. Tal vez contribuya el hecho de que esté instalado en un antiguo edificio industrial o por su decoración tan colorida y singular. La combinación de tonos azules, rosas, grises y marrones nos evoca claramente al paisaje típico islandés. 

El estudio Döðlur está detrás de este impresionante proyecto donde la geometría y muebles icónicos del siglo XX se unen en perfecta armonía con las estructuras que se conservan de su pasado industrial. El hotel ofrece desde habitaciones compartidas con literas a enormes suites de 70 metros cuadrados. 


¿Qué te parece este hotel tan singular? 

Fotos: Ari Magg